¿Enseñó el Señor Yeshúa la Trinidad? (Did Yeshua Teach the Trinity?)

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Por qué el Señor Yeshúa no enseñó una trinidad.


Resumen breve

Este artículo muestra que la doctrina de la trinidad no proviene directamente de la Biblia. El Señor Yeshúa no enseñó una doctrina sobre la estructura interna de Dios, sino que dio a conocer al Padre. La Escritura enseña de manera consistente que Dios es uno, que Él es Padre, que obra por medio de Su Espíritu y que el Señor Yeshúa fue enviado por Él. La trinidad resulta ser una explicación eclesiástica posterior, no una doctrina bíblica.


Introducción

Muchas personas que quieren tomar la Biblia en serio se encuentran, tarde o temprano, con la misma pregunta: ¿está realmente la doctrina de la trinidad en la Escritura, o surgió más tarde? A menudo se asume que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo como un solo Dios fueron enseñados por el propio Señor Yeshúa. Pero quien lee sin lentes eclesiásticos descubre que esta suposición no es tan evidente.

Este artículo está escrito para quien quiere volver a la Biblia misma. No para discutir, sino para mirar honestamente lo que sí está escrito y lo que no. Seguimos las palabras del Señor Yeshúa, los profetas y los apóstoles, sin añadir conceptos filosóficos ni sistemas eclesiásticos.

Lo que resulta: el Señor Yeshúa no enseñó una trinidad.
Dio a conocer al Padre. No vino a introducir una religión nueva
sino a cumplir la fe judía precedente.

En muchas iglesias la trinidad se presenta como el corazón de la fe cristiana. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo formarían juntos un solo Dios. Esta doctrina a menudo se asume como evidente, como si viniera directamente de la Biblia. Pero quien lee la Escritura cuidadosamente, sin terminología eclesiástica ni marcos filosóficos, descubre algo distinto.

El Señor Yeshúa nunca enseñó esta doctrina. No habló de una trinidad, no dio ninguna definición del ser interior de Dios y no introdujo una nueva imagen de Dios. Lo que sí hizo fue dar a conocer al Padre y llevar a las personas de regreso al único Dios.

Este artículo examina lo que dice la Biblia misma, paso a paso, y por qué la trinidad no es una doctrina bíblica sino una explicación posterior.

Dios es uno.
El fundamento de la Escritura

La Biblia comienza y termina con una verdad sencilla e inmutable:

Dios es uno.

“Escucha, Israel: el SEÑOR nuestro Dios, el SEÑOR uno es.”
(Deuteronomio 6:4)

Esta confesión constituye el corazón de la fe de Israel. No es una idea abstracta, sino una convicción viva que se pronunciaba a diario. Es importante que esta declaración nunca se revisa ni se matiza.

El Señor Yeshúa confirma esto sin añadir nada:

“El primero de todos los mandamientos es: Escucha, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.”
(Marcos 12:29)

Aquí el Señor Yeshúa tuvo el momento de revelar algo nuevo, si eso hubiera sido necesario.
No lo hace. Confirma exactamente la misma verdad.

El Padre como el único Dios verdadero

El Señor Yeshúa habla continuamente de Dios como Su Padre, haciendo siempre una clara distinción entre Dios y Él mismo.

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”
(Juan 17:3)

Estas palabras son claras. El Padre es nombrado como el único Dios verdadero. El Señor Yeshúa no se llama a sí mismo Dios, sino aquel que fue enviado por Dios.

Esa distinción vuelve una y otra vez:

“Mi Padre mayor es que Yo.”
(Juan 14:28)

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; no busco Mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.”
(Juan 5:30)

El Señor Yeshúa vive en plena dependencia y obediencia al Padre. Esto no encaja con la idea de personas iguales dentro de un solo ser divino, pero sí encaja con la imagen bíblica de un Dios y Su Mashíaj enviado.

El Señor Yeshúa como el Enviado

La Biblia habla consistentemente del Señor Yeshúa como aquel que fue enviado por Dios.

“Porque he descendido del cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.”
(Juan 6:38)

“Esta es la obra de Dios: que creáis en aquel que Él ha enviado.”
(Juan 6:29)

La relación es clara: Dios envía, el Señor Yeshúa obedece. Dios es la fuente, el Señor Yeshúa el Mashíaj que habla y actúa en Su nombre.

El Espíritu: la propia presencia de Dios

El Espíritu nunca se presenta en la Biblia separado de Dios.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra… y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”
(Génesis 1:1–2)

El Espíritu es el Espíritu de Dios. La palabra hebrea ruaj significa aliento, viento, espíritu de vida. No se trata de un ser aparte, sino de Dios mismo activamente presente.

“No con ejército, ni con fuerza, sino con Mi Espíritu, dice el SEÑOR.”
(Zacarías 4:6)

Cuando el Espíritu habla, habla Dios:

“El Espíritu del SEÑOR ha hablado por mí.”
(2 Samuel 23:2)

La Escritura no conoce jerarquía, ni numeración, ni definición del Espíritu como una “tercera persona”.

El Señor Yeshúa sobre el Espíritu

El Señor Yeshúa promete el Espíritu como la cercanía y ayuda de Dios.

“Y el Padre os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”
(Juan 14:16)

Pero también dice:

“No os dejaré huérfanos; vengo a vosotros.”
(Juan 14:18)

Aquí no se introduce ningún ser nuevo. El Espíritu es Dios que se acerca, Dios que habita en las personas, Dios que guía y enseña.

 

Por qué el Señor Yeshúa no dio una fórmula doctrinal

El Señor Yeshúa no vino a construir un sistema teológico. Vino a dar a conocer al Padre.

“El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre.”
(Juan 14:9)

Reveló a Dios a través de Sus palabras, hechos y obediencia. No dio una explicación filosófica sobre el ser de Dios, sino que llamó a las personas a la fe, al arrepentimiento y a la confianza.

Los primeros discípulos

Los primeros seguidores del Señor Yeshúa creyeron de manera sencilla y fiel a la Escritura.


“Para nosotros solo hay un Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas.”

(1 Corintios 8:6)

Hablaban de Dios, de Su Espíritu y del Mashíaj, sin esquemas, sin definiciones y sin términos eclesiásticos.

De dónde viene la trinidad

La palabra trinidad no aparece en la Biblia. La doctrina surgió siglos más tarde, cuando se intentó explicar a Dios con conceptos filosóficos. Lo que comenzó como un intento de comprender, se convirtió después en doctrina obligatoria. El problema surge cuando una explicación humana se eleva a verdad absoluta.

Volver a la sencillez de la Escritura

La Biblia no nos llama a comprender la estructura interna de Dios, sino a confiar en Él y obedecerle.

Dios es uno.

Él es Padre.

Obra por medio de Su Espíritu.

.El Señor Yeshúa fue enviado por Él para llevarnos al Padre. Eso es suficiente.

“El SEÑOR es Dios, y fuera de Él no hay otro.”
(Deuteronomio 4:35)

Preguntas frecuentes

  • ¿Es incorrecto usar la palabra trinidad?
    La Biblia no usa esta palabra. Quienes la usan como un modelo mental humano pueden hacerlo, pero se vuelve problemático cuando se impone como doctrina obligatoria a los creyentes. Es mejor no usarla en absoluto. Es una enseñanza falsa.
  • ¿Niega este artículo el significado del Señor Yeshúa?
    No. El artículo precisamente sigue Sus propias palabras. El Señor Yeshúa es reconocido como el Mashíaj enviado por Dios, aquel que da a conocer al Padre y por medio de quien llegamos a Dios.
  • ¿Entonces el Espíritu no es una persona?
    La Biblia habla del Espíritu como el Espíritu de Dios: el aliento, poder y presencia de Dios. No una entidad o ser aparte.
  • ¿Por qué entonces tantas iglesias creen esto?
    La doctrina de la trinidad surgió siglos después, en una época en que se quería explicar a Dios con conceptos filosóficos. Lo que comenzó como explicación, se convirtió después en norma.

 

Si Dios es uno y quiere ser llamado Padre, entonces la fe se vuelve sencilla y personal. El Señor Yeshúa no nos enseña a comprender a fondo a Dios, sino a confiar en Él.

“Cuando oréis, decid: Padre…”
(Lucas 11:2)

La oración no es una conversación con una imagen de Dios complicada (trinidad), sino con el Padre mismo. Por medio del Señor Yeshúa tenemos acceso a Él, y por Su Espíritu Dios habita en nosotros.

“Porque por medio de Él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.”
(Efesios 2:18)

Esto invita a una fe que no gira en torno a fórmulas doctrinales humanas, sino en torno a
la relación, la obediencia y la confianza.

 

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